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Del impresionante espectáculo de un Diplodocus gigantesco y todo tipo de objetos históricos fascinantes, a las coloridas obras de grandes artistas, el mundo de los museos y galerías de arte tiene mucho que ofrecer a los más pequeños. Muchos museos ya no son lugares tan protocolarios, con esa seria advertencia en todos los rincones de ‘No tocar’. Ahora, muchos museos están llenos de atrayentes prácticas interactivas especialmente diseñadas para divertir, y la mayoría de ellos se ocupa de satisfacer tanto a los niños como a sus familias. Por ejemplo, puede ser un plan muy interesante para todos organizar una visita a un museo, como el Guggenheim de Bilbao, que cuenta con aulas creativas, talleres y visitas didácticas para niños. En Madrid, el museo de Ciencias Naturales organiza actividades para introducir a los peques en los últimos descubrimientos científicos; el museo Thyssen lleva a cabo actividades para realizar en familia e interesantes iniciativas, como la actividad infantil que tendrá lugar en los próximos meses de junio y julio, En construcción II. El palacio. Está dirigida a niños de entre 4 y 12 años y continúa la idea del verano anterior: entre todos se construye un castillo, que más adelante transformarán en un palacio. El objetivo es el conocimiento del patrimonio, que observen cómo el tiempo modifica los usos de los edificios y cómo va transformando su aspecto. Para los más golosos, el museo del Chocolate en Barcelona lleva a cabo talleres semanales de lo más apetecibles, como el Taller de piruletas, además de organizar unas muy especiales celebraciones de cumpleaños. 
Pero no hay que descartar otros pequeños museos locales. Es importante que el museo no se limite a exponer obras, sino que organice actividades y cuente con personal especializado, como animadores socioculturales, pedagogos y, muy importante, una zona de recreo.
Las caricias y el contacto físico aportan a tu hijo grandes beneficios. Desde que nacen, los bebés pueden ser estimulados con masajes que mejoran su salud física y emocional, incrementando la calidad del sueño, del sistema inmunológico, respiratorio y gastrointestinal, y logrando una mayor relajación. El baño es un buen momento para practicar esta actividad.
Toda muestra de afecto, ya sean caricias, miradas o palabras, refuerza el vínculo de los padres con el niño y ayuda a conectar con su universo interior, que en ocasiones resulta enigmático. Hay padres que rechazan abrazar o prestar demasiadas atenciones a sus hijos, ser demasiado cariñosos con ellos, por temor a mimarles en exceso. Pero recordemos que todo ser humano, con independencia de su edad o circunstancias, está preparado para recibir cariño, lo que es más, eso le hará ganar en confianza y autoestima.
Lo maravilloso deA veces, cuando eres pequeño, el mundo te parece inmenso, y quizá uno de los mayores encantos sea tener una guarida, un lugar acogedor en el que sentirse a gusto y protegido. Desde la infancia, los seres humanos sentimos la necesidad de socializar con nuestro entorno, pero también necesitamos lugares ‘sagrados’ donde disfrutar de momentos de intimidad. Los
niños comparten todos los detalles de su vida con sus cuidadores, los adultos, así que es bueno premiarlos con un espacio propio, que a buen seguro agradecerán.
Para un niño, el regalo de una guarida puede ser una gran ilusión: no le estamos ofreciendo solamente un espacio físico de juegos, sino que él, con su extraordinaria imaginación, inmediatamente lo convertirá en un lugar mágico, un mundo maravilloso al que poder entrar por una pequeña puerta. Puede participar en su elección e incluso en su construcción.
Por ejemplo, podéis encontrar sencillos y variados modelos en forma de tienda india de campaña, en distintos materiales: tela, plástico, e incluso madera, de fácil montaje y colores divertidos. Proponedle al niño que acondicione su interior con los elementos que quiera; ésta, además, es una buena forma de inculcarle la responsabilidad de mantener su preciado espacio limpio y en orden.