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Todos necesitamos nuestro tiempo libre y, por supuesto, nuestros hijos lo reclaman. Ese tiempo, bien disfrutado, es en realidad imprescindible para un buen desarrollo. Los padres tienen una influencia decisiva en el proceso del desarrollo social y de la personalidad de sus hijos y, por tanto, en la gestión que hagan en sus primeros años del tiempo libre y su diversión dependerá prácticamente de ellos.
En realidad, este lazo constituye la base de la seguridad a partir de la que el niño explora el ambiente y actúa de forma más confiada con otras personas y lo ideal es que sepamos dejarle disfrutar y disfrutar junto a él. Quizás, las demandas de la sociedad y el ritmo de vida que llevamos nos limitan los momentos dedicados a nuestros hijos, pero eso no tiene que perjudicar la calidad de la relación de esos momentos de entretenimiento y tiempo libre, ¡que han de existir!
Ya no nos resulta extraño que en cada casa haya un ordenador, una videoconsola, una televisión... sólo se trata de buscar alternativas para que otros juegos que desarrollen otras habilidades tengan su espacio. No debemos ser alarmistas, también hay tiempo para este tipo de juegos. Como en todo, siempre es conveniente encontrar el punto medio.
Para los niños en sus primeros años, la vida es un juego y debemos fomentarlo. El éxito de otros juegos dependerá de la diversión que nosotros les ofrezcamos. Los recién nacidos observan y miran todo con gran curiosidad porque para ellos todo es nuevo y está por descubrir.
Debemos fomentar su imaginación y jugar con ellos porque el juego les hace desarrollarse como personas. Primero es bueno que se habitúen a estar en casa, pero también es muy importante que lo hagan al aire libre. Somos los padres los que tenemos que supervisar el tiempo libre del niño dejando que se exprese con libertad, participando activamente de esos momentos de ocio. No olvides dejar que el pequeño tome de vez en cuando la iniciativa. Se trata de educar en el tiempo libre.