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N° 6
Octubre 2008


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Inevitablemente distintos

Todos sabemos que los niños y lañas están hechos de diferente pasta, pero, ¿dónde radica el misterio? ¿Es la educación, la naturaleza o es su cerebro?

Grandes aventurasLa llegada de un niño a una casa dominada por tres hermanas suscita la pregunta: ¿qué tipo de personalidad esperamos que tenga? Probablemente, como nos dice una madre de cuatro hijos en esta misma situación: "Lo normal es que tenga una personalidad totalmente consciente de su parte femenina". Guille, el hijo de Jana, pasó sus primeros años en un ambiente rosa, rodeado de muñecas, varitas mágicas y cosas brillantes. Y, para sorpresa de todos, Guille no mostró prácticamente ningún interés por todas esas cosas que, en cambio, tanto gustaban a sus hermanas. "Daba la impresión de tener una visión especial centrada en coches y bloques de construcción. Si alguna vez una muñeca llamaba su atención, era para sacarla del carrito, darle la vuelta y buscarle ruedas o mecanismos". Jana admite que la llegada de un chico a la casa supuso un cambio radical en su forma de ver el viejo debate entre naturaleza y educación. Hasta ese momento, pensaba que la educación era la fuerza dominante en la conformación de la identidad de género: que nuestro instinto natural para empujar a las niñas a jugar con muñecas y a los niños a usar bloques de construcción, es lo que conformaba su personalidad, sus intereses y su futuro. Pero, al igual que otros muchos padres, cuando descubrió por sí misma cómo se manifestó la diferencia de género en su propio hogar, Jana llegó a la conclusión de que los chicos serán chicos siempre y las chicas serán chicas. La ciencia avanza a pasos firmes para respaldar lo que cualquier padre con niños de ambos sexos diría: que hay una diferencia fundamental entre sexos y que no se puede hacer mucho para cambiarlo. Los últimos descubrimientos sobre el desarrollo cerebral sugieren que los bebés comienzan a exhibir comportamientos de género diferentes ya desde los dos meses. Un área donde este hecho es más evidente es en el inicio del aprendizaje del lenguaje.

Las diferencias de género solían estar relacionadas con la educación. Hoy día se acepta la existencia de un componente genético

jugando en el campingSe sabe que ambos hemisferios cerebrales participan en las funciones del lenguaje, con la parte izquierda dedicada a la construcción gramatical y a la formación de palabras, y la derecha, a la entonación y el énfasis. Además, se ha observado en las niñas un mayor engrosamiento de las fibras nerviosas que conectan ambos lados. Las diferencias se producen porque las niñas utilizan ambos lados del cerebro con facilidad, lo que explica su mayor precocidad a la hora de articular las primeras palabras. Además, procesan el lenguaje con más facilidad y lo practican en sus primeros años, utilizando el vocabulario y la gramática. Los niños, por otra parte, se concentran en un solo hemisferio cerebral, el derecho, que forma conexiones internas más robustas y trabaja de forma independiente. ésta es la razón por la que se centran en actividades propias del hemisferio derecho, como las matemáticas y el desmontaje de objetos, con el objetivo de descubrir cómo funcionan.

Es fácil encontrar anécdotas que respalden este hecho. Clara, responsable de jardín de infancia, observa muchas tendencias de género. "En la guardería se observa muchas veces a niñas hablando con su lengua de trapo, con un gran interés por conectar con los cuidadores y con los otros niños, mucho antes de que los niños de la misma edad establezcan incluso un contacto visual"

Cada niño es un individuo y no tiene por qué seguir necesariamente patrones de género

jugando en el campingEstamos ante una diferencia de género que, según algunos científicos, existe desde el principio. En un experimento realizado en la Maternidad de un centro hospitalario se mostraron imágenes de rostros humanos sonriendo y un artefacto mecánico a varios bebés: las niñas se sentían más atraídas por el rostro, mientras que los niños se sentían fascinados por el objeto.

Simon Baron-Cohen, profesor de Psicopatología del Desarrollo, afirma que la razón es que las niñas se centran más en las emociones, mientras que los niños están más interesados en el mecanismo de las cosas. Según su teoría, cada persona nace con un tipo de cerebro particular: masculino, femenino o equilibrado. El cerebro tipo E, o empático, se encuentra generalmente en niñas que responden mejor a los problemas de los demás mostrando una mayor preocupación por medio de la tristeza, gestos ambales y empatía. Baron-Cohen afirma que los niños poseen en muchos casos el cerebro tipo S o sistematizador. Les encanta unir piezas, construir torres o jugar con vehículos. También reaccionan mejor ante juguetes con funciones claras, botones que pulsar, cosas que se encienden o dispositivos que mueven cualquier otro objeto. Hay también un componente biológico: la testosterona prenatal. Durante las pruebas de amniocentesis, el profesor Baron-Cohen midió los niveles de testosterona en el feto; a mayor presencia de esta hormona antes del nacimiento, menor capacidad del bebé para establecer contacto ocular tras el nacimiento, y mayor lentitud en el aprendizaje del lenguaje. "Hace ya algún tiempo se prescribió a mujeres embarazadas una hormona femenina sintética, el dietilstilbestrol, con el fin de evitar abortos espontáneos repetidos", explica Baron-Cohen. "Los niños nacidos de esas mujeres presentaban una mayor tendencia a comportamientos empáticos, más femeninos". Pero, aunque parece una teoría muy lógica, hay que resaltar que no todas las niñas tendrán un cerebro tipo E, ni todos los niños un tipo S; es decir, algunos niños presentan un cerebro equilibrado con una mezcla de tipo E y tipo S. "Durante los sesenta y los setenta, ganó peso la teoría de que las diferencias de género estaban más relacionadas con la educación", señala Baron-Cohen, "pero hoy día se acepta la existencia de un componente parcialmente genético". Cada niño es un individuo que puede que no siga a rajatabla los patrones usuales de su género. Además, ningún sexo es superior.

Las niñas utilizan ambos lados del cerebro con facilidad, lo que explica su mayor precocidad a la hora de articular las primeras palabras


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