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N° 5 Septiembre 2008


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El rey de la clase

Es maravilloso ver a un niño sociable y abierto al mundo, pero, ¿cómo conseguirlo?

Grandes aventurasEn cada grupo hay uno de cada: un niño que se adapta bien a situaciones sociales, siempre rodeado de amigos en el recreo; y un niño reticente a la hora de ir a jugar a la casa de un compañero. Y la experiencia nos dice que el que tiene esa capacidad natural para hacer amigos llegará muy lejos.
Pero sabemos que no todos los niños poseen esa virtud con la que parece estar bendecido el que es tan popular en el cole, el rey de la clase. Aún así, todos queremos que nuestros hijos hagan amigos con facilidad, encuentren su lugar en la sociedad y estén dispuestos a comerse el mundo. ¿Cuál es el secreto? Lo primero que debemos tener en cuenta es que algunos niños son, por naturaleza, más sociables que otros. Esos pequeños establecen contacto visual y sonríen a edades muy tempranas cuando se les hace alguna carantoña, fomentando con ello una mayor interacción social. Y lo que es más, las niñas presentan una ventaja social desde el nacimiento.
"Las niñas establecen más contacto visual y sonríen más a los adultos, lo que hace que éstos devuelvan la sonrisa reforzando así su habilidad social", afirma Susana Palmer, consultora literaria y especialista en el tema. Mientras que algunos bebés pueden ser más sociables que otros desde su nacimiento, la "sociabilidad", tal como la entendemos, no empieza a mostrarse hasta los tres años. Hasta entonces, los niños son esencialmente egocéntricos. Los críos parecen disfrutar de la compañía de otros niños y sentirse seguros en su presencia. Esta aparente seguridad se basa en una indiferencia natural por las necesidades y los sentimientos de los demás. "Al acercarse a la edad escolar, comienzan a ser conscientes de la presencia de otros", afirma la psicóloga Linda Blair. "Empiezan a notar qué son y a qué categoría pertenecen". Al iniciar la etapa escolar, descubren también que les gusta ser aceptados. "Es la primera vez que entienden qué se siente cuando te quieren y te aceptan, y cómo puede afectar su propio comportamiento a los sentimientos de los demás, un paso importante hacia un comportamiento social", añade Blair.

Todos queremos que nuestros hijos hagan amigos con facilidad, encuentren su lugar en la sociedad y estén dispuestos a comerse el mundo. ¿Cuál es el secreto?

jugando en el campingSi reciben apoyo y experiencias positivas a edades tempranas, todos los niños pueden llegar a ser sociables y a tener una gran seguridad en sí mismos. "Si se siente querido simplemente por lo que es, su seguridad aumentará. No tienes que decirle que le quieres todo el tiempo, no son las palabras lo que importa, pero debes hacerle entender que le apruebas por sus esfuerzos, no por cómo se compara con otros niños". El cariño y la confianza conforman una fuerte base de sociabilidad. "Un niño querido será resistente emocionalmente y seguro socialmente", afirma Palmer. "Si ha aprendido a conectar con los adultos que le cuidan, traspasará estas habilidades a sus relaciones con los demás". Pero hay más: "Si hablas un poco más con tu hijo, le ayudarás a desarrollar ese lenguaje y, a su vez, contribuirás a desarrollar aún más sus habilidades sociales".

Lejos del tópico, a veces, los niños que pasan mucho tiempo en casa pueden ser más sociables, ya que pueden tener más oportunidades de desarrollarse en un ambiente natural y relajado. Hasta los tres años más o menos, la mayoría de los niños tenderán a jugar solos, pero entre los tres y los cinco años el juego pasa a ser más social, estimulando a los niños con las ideas de otros. Comienzan a negociar, a aprender límites y limitaciones, a investigar posibilidades, a construir su lenguaje y sus habilidades comunicativas, y en el mejor de los casos, a preocuparse por los demás. En esta etapa, necesitarán la atención de un adulto para ampliar los juegos o ayuda para interactuar socialmente, hasta que tengan edad suficiente para haber aprendido a cooperar y a socializarse bien. Durante este tipo de evolución, el juego es tan importante que se ha demostrado que puede compensar la falta de cariño de sus progenitores en las primeras etapas de la vida. Claro, que el juego continuo y sin límites para nuestros hijos, no es una posibilidad práctica para la mayoría de nosotros. Y aunque lo fuera, la propia personalidad del niño jugará siempre un gran papel en su sociabilidad. Puedes ser la persona más extrovertida del mundo y tener un hijo con ciertas reticencias sociales.

Hasta los 3 años más o menos, la mayoría de los niños tenderán a jugar solos, pero entre los 3 y los 5 años el juego pasa a ser más social

jugando en el campingLos expertos afirman que no todos los niños quieren formar parte de algo y no deberían ser forzados. Si tu hijo se niega a unirse a grupos de iguales, puedes sugerir que invite a un amigo a merendar y a jugar. Decirle que "todos los demás hacen esto o aquello", servirá sólo para presionarle más y hacerle sentir como un fracasado. Y además, incluso los niños sociables pueden sentirse intimidados en reuniones inusuales o con mucho público. Puede que tu hijo esté rodeado siempre de amigos en el patio del colegio, que sea el más popular de su clase y que no le falten invitaciones a merendar, pero eso no significa necesariamente que acepte sin reticencias participar en juegos de fiestas. Si sabes cómo se siente, podrás ayudarle.

Si tu hijo no parece tener muchos amigos, intenta averiguar si eso le preocupa o no. Es fácil pensar que debería tener muchos amigos y una vida social activa, pero todo esto implica agradar a otro. A veces, puede ayudar incluso una solución sencilla, como invitar a un amigo de edad similar: tu hijo se sentirá más seguro en su propio terreno y comenzará a jugar con él en cuanto haya superado su resquemor inicial. Si sientas las bases adecuadas y conoces y quieres a tu hijo, al final, él encontrará el nivel de sociabilidad adecuado. Cuando observo a mi hija jugando feliz con los amiguitos que conoce desde la guardería, me doy cuenta de cómo son todos ellos, diferentes y con sus distintas personalidades, y cómo afrontan el reto de manera admirable.

A veces, puede ayudar incluso una solución sencilla, como invitar a casa a un amigo de edad similar: tu hijo se sentirá más seguro en su propio terreno


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