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N° 4 Julio / Agosto 2008


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felicidad

El don de la felicidad

Una risa contagiosa, una alegre sonrisa que ilumina el rostro. todos esperamos que nuestro hijo sea feliz. Ahora, los expertos nos dicen que podemos tomar medidas para conseguirlo

Julia es una niña feliz. Sentada en el suelo con su madre, María , esta cría de 17 meses es un auténtico gozo. “Cinco lobitos tiene la loba”, canta María y Julia saca rauda su manita, acompañada de una cascada de risas. Julia parece la alegría personificada. “Se mueve torpemente lanzando sonrisas a todo el mundo”, nos dice María. “Incluso cuando se cae, se ríe y se levanta sola”. Los amigos de María se asombran del carácter tan alegre de Julia. “Tengo que admitirlo, en el fondo me siento muy orgullosa de ella. En mis momentos menos modestos pienso: ‘Bueno, estoy haciendo un buen trabajo’, aunque también me pregunto si ella no es simplemente así desde que nació”.
A María, claro, le gustaría que su hija Julia conservara para siempre ese carácter tan alegre. Y su deseo de que su hija sea feliz es compartido por todos los padres. Sin duda, queremos rodear a nuestros hijos de todo lo mejor, pero lo que más valoramos es su felicidad. Como padres primerizos, nos dedicamos a procurar su felicidad alimentándolos y abrazándolos, y en sus primeros años secamos sus lágrimas, mostramos caras divertidas y nos ponemos tocados divertidos, provocamos su risa soplando sus tripitas, y a la hora de elegir una guardería, una niñera o un colegio, elegimos siempre el lugar donde pensamos que nuestro hijo será feliz.
Pero, ¿algunos niños, como podría ser el caso de Julia, nacen felices? Como siempre, esa delgada línea que separa naturaleza y educación no está muy clara. El Profesor Martin Seligman nos ofrece una respuesta. Él es responsable del movimiento ‘psicología positiva’ que está revolucionando gradualmente la forma de enfocar la educación en muchas partes del mundo. Durante sus investigaciones, descubrió que alrededor del 50 por ciento de nuestro nivel medio de felicidad está condicionado genéticamente y el resto depende de factores externos (colegio, trabajo, amigos) y de factores internos (cómo pensamos y nuestros valores).
Aunque siga siendo desconocida la genética exacta de la felicidad, parece que jugamos un papel vital a la hora de ayudar a nuestros hijos a ver el lado positivo de la vida. Pero, tal vez, tengamos que observarnos a nosotros mismos antes. Los niños aprenden mucho en su actitud sobre la felicidad de su familia y del entorno. Si como padres tendéis a ver siempre el vaso medio vacío, vuestra actitud ante la vida será tan contagiosa como si tuvierais un carácter positivo. Así que ¡elegid lo último!

Recuerda ese sentimiento de tu infancia, el de la despreocupación
y la total libertad, sintiéndote volar en un columpio,
bajando una cuesta en bici

L os primeros pasos hacia la felicidad consisten en modelar el comportamiento feliz, porque es contagioso. “Los padres felices tienen hijos felices”, afirma el psicólogo Pedro Sharp. Es cierto que conseguirlo requiere algunos esfuerzos. ¿Encontramos siempre excusas para evitar que nuestro hijo juegue con sus Lego o lanzamos un suspiro y le decimos: “qué bien”? ¿Tratamos el derrame de un vaso de zumo como un desastre o quitamos importancia y llamamos al rescate al señor rollo de cocina? Si empieza a llover durante un picnic, ¿lo suspendemos y nos cobijamos enseguida o extendemos la alfombra en la cocina y disfrutamos de un picnic diferente en casa? Adopta una visión positiva de las cosas y tu hijo te imitará.
“Si quiero que mi hijo sea más feliz, tengo que mirarme en el espejo”, explica el doctor Randy Cale, psicólogo y experto en temas sobre el cuidado de los hijos. “Si quiero tener un hijo más feliz, tendré que procurar ser más feliz”. Tu ejemplo jugará un importante papel en la formación de la visión del mundo de tu hijo. “¿Qué tengo en cuenta? ¿Qué cosas merece la pena olvidar? ¿Qué merece una lágrima, para después olvidarlo? ¿De qué cosas me río? ¿Puedo tomarme a mí mismo y al mundo más a la ligera? ¿Con qué facilidad renuncio a mi tranquilidad?”.
Si tu crío comienza de nuevo a gimotear y a gritar, es fácil que te veas refunfuñando y quejándote, pero, según Cale, eso significa que te estás centrando en lo que no funciona. “Tienes que equilibrar esa situación y poner más energía en lo que funciona”. Cuando los niños están jugando tranquilamente, es muy tentador sentarse a leer el periódico o ponerse a revisar el correo electrónico, pero hay que resistir la tentación y mostrarle que aprecias su comportamiento. “Tu hijo no necesita que le alabes todo el rato, ni que le ofrezcas continuas reacciones emocionales”, señala Cale. “Sólo tienes que ofrecerle pequeños momentos de tu atención, pero frecuentes”. Cale sugiere una sonrisa a tiempo, mirar lo que está haciendo, acariciarle la cabeza, un pequeño toque en la espalda o incluso simplemente preguntarle si quiere un poco de zumo. “Pero debes hacerlo  mientras se desarrolla el comportamiento deseado”, añade Cale. “¡Cinco minutos después de poner la mesa es demasiado tarde!”. Si educas de esta manera, aumentas las posibilidades de tener hijos felices.
Como padres, podemos ayudar a nuestros hijos a ser felices de muchas maneras diferentes, puntos que a la larga serán de gran importancia. Y la buena noticia es que no necesitas grandes cantidades de dinero ni tener que realizar actividades organizadas.

jugando en el campingUna forma muy importante es enseñar a tu hijo a valorar su talento. Los niños se ven bombardeados con diversas imágenes del ‘éxito’: el cantante de pop, la bailarina, el futbolista, la actriz... Ser famoso se convierte en algo a lo que aspirar y los niños olvidan su propio talento por querer ser alguien diferente. “Para conseguir su felicidad futura es realmente importante fomentar entre los niños el valor de su talento, lo que quiera que sea”, aseguran expertos como la popular psicóloga Bermadette Tynan. Tu hijo puede ser muy bueno académicamente o en deportes; puede ser bueno cuidando una mascota o poniendo la mesa. “Elogia a tu hijo por su talento y hazle saber que piensas que es magnífico. Así, tendrá más posibilidades de ser feliz con lo que es y con sus propias habilidades. Eso es algo que le acompañará durante toda su vida”.
A menudo, los padres tienen sus propios sueños y deseos secretos para sus hijos. Pero si queremos que sean felices, debemos dejarles a su propio ritmo. “Si lo que deseas es que tu hija sea bailarina, pero ella es más feliz saltando charcos de barro en un campo de rugby, deja que desarrolle aquello en lo que destaca de manera natural y la verás desarrollarse y crecer bien”, afirma Tynan. Para ella, una de las cosas más importantes sobre la felicidad es que los niños felices aprenden mejor. “El cerebro aprende mejor cuando está en un estado de alerta, relajado y feliz”, asegura. “Los niños felices tienen más confianza en su aprendizaje y ésa es la base del éxito a largo plazo”.
Afortunadamente, podemos fomentar esta actitud feliz y relajada, por ejemplo, implicando a nuestros hijos en actividades como cocinar algo al horno o decorar una mesa para una fiesta. “Haz saber a tu hijo que valoras sus ideas y envía un mensaje a su cerebro que diga: mis ideas son buenas. De esta forma se dispara una espiral positiva de confianza en un niño, algo especialmente importante en sus progresos en el cole. Si tu hijo se siente seguro de sí mismo, será mucho más feliz a la hora de participar en actividades escolares y compartir sus ideas”. Y cuando tu hijo decida prepararte un brebaje delicioso, consistente en mezclar todos los refrescos de la casa, reprime cualquier comentario negativo. Sonríe, ármate de valor y echa un trago. Después, dile lo magnífico que es que haya intentado hacer algo nuevo.
Muchos expertos piensan que existe un vínculo entre felicidad y aprendizaje. Aun reconociendo la importancia del vínculo existente entre felicidad y rendimiento educativo, existe también otro aspecto de la felicidad. Es ese sentimiento que recordarás de tu infancia, el de la despreocupación y la total libertad, sintiéndote volar en un columpio, bajando una cuesta en bici, rodando con amigos por una pendiente cubierta de hierba. Tenemos que ofrecer a nuestros hijos tantas oportunidades como sea posible para fomentar este juego en libertad. “Además de un nivel básico de comodidad material, los niños necesitan la atención y el cuidado de los padres y de otros adultos, especialmente en la primera infancia. Y todo esto, sin olvidar promover oportunidades en la infancia para jugar con otros niños sin el férreo control de los adultos. Todos hemos olvidado la enorme importancia de esas necesidades humanas tan simples”, aseguran estos expertos.

El profesor Martin Seligman descubrió que alrededor del 50%
de nuestro nivel medio de felicidad está condicionado genéticamente


Además de ofrecer a los niños oportunidades para que sean sociables, tomen decisiones y utilicen su imaginación, la actividad física fomenta también las hormonas del bienestar. Una actividad física diaria de al menos 30 minutos hace que el cuerpo del niño libere endomorfinas, asociadas con sentimientos de bienestar.
Aunque queremos que nuestros niños sean felices, también es importante no presionarlos. A José, el hijo de Ramona Mills de cinco años, le piden constantemente que se anime, algo que le irrita sobremanera. “Mi hijo tiene un tipo de facciones que le dan un aspecto taciturno, incluso cuando está contento”, nos dice Ramona.
Y es que también debemos recordar que nadie es feliz todo el tiempo. En lugar de buscar la felicidad constante (algo imposible), tenemos que ayudar a nuestros hijos a desarrollar su inteligencia emocional y a identificar sus diferentes necesidades y emociones y a responder a ellas. “Deben aprender que es natural tener sentimientos de felicidad y también de tristeza”, señalan. “En cada sentimiento hay un mensaje”.
Los niños tienen también diferentes rasgos de conducta y de personalidad. “La reacción de un niño durante el juego con su juguete favorito puede expresar de forma visible su felicidad como la risa, la alegría, los gritos y saltos; mientras, otro niño puede expresar una contención interna y una tranquilidad, y preferir la soledad para disfrutar de su felicidad. Lo importante es observar cómo expresa tu hijo su felicidad y cómo la disfruta, sin esperar que copie tus expresiones adultas”. Parece que, con un poco de ayuda, pueden llegar a ser felices de una manera única e inimitable.

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