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Marchosos y no achacosos, los abuelos modernos buscan la aventura, son divertidos y tienen mucho tiempo para sus nietos
Un hogar lleno de paz y armonía. Maravilloso, ¿no? Con los eternos protagonistas del amor y la comprensión… Pero, la realidad es otra: el estrés se palpa en un hogar donde hay bebés, niños o ambas cosas. Así que, si tu vida parece un tiovivo de días repetidos, ¿por qué no proponerse alcanzar la concordia familiar? Puede parecer misión imposible, pero puedes lograrlo. Sí, pon en práctica algunas estrategias y verás.
El primer paso es analizar qué es aquello que hace de tu vida un circo, así que tendrás que identificar qué dispara tus peores momentos. ¿Son tus mañanas de locura cuando intentas que todos se sienten a desayunar mientras buscas carteras perdidas y zapatos sueltos? O tal vez, ese momento álgido se produce a la hora de comer, cuando nada de lo que cocinas gusta y terminan por negarse a tomarlo... ¿Es la hora de ir a dormir un momento demasiado alejado de la rutina? Una vez identificados los momentos de mayor estrés, puedes empezar a trabajar para introducir algunas mejoras. Elabora una lista de todo aquello que agita a tu tribu. Pueden ser riñas, réplicas o la retirada de tu pareja hacia su cobertizo mientras tú te dedicas a vaciar cestos de ropa sucia, a ordenar facturas y cargar el lavaplatos de nuevo. Anótalo todo en un papel. Por cada asunto de controversia, piensa cómo te gustaría que fueran las cosas y considera qué se puede hacer.
Un buen comportamiento engendra un buen comportamiento y el cambio comienza en uno mismo
Cuando tu pequeño intenta meter su hámster en la lavadora, es muy tentador explotar. Después de un día duro parece que ésa es la única opción y si no ves otra salida que perder los papeles, los perderás. En su lugar, busca otras elecciones positivas y enfréntate a situaciones frustrantes de una manera más tranquila. Es fácil echar la culpa a los niños de nuestras explosiones de mal genio, pero la verdad es que podemos elegir cómo nos comportamos. Recuerda que es posible dominar a la bestia, además de darte otra posibilidad. Como dijo Gandhi: “Debemos convertirnos en el cambio que buscamos en el mundo”. Respira hondo, cuenta hasta diez y elige conservar la calma. Un buen comportamiento engendra un buen comportamiento. El cambio comienza en uno mismo.
También es importante establecer unas fronteras. Tanto si se trata del hábito de morder de tu peque o de los portazos de tu hijo de seis años, deja bien claro lo que esperas de su comportamiento. Cuando están bien marcadas las fronteras de la familia, todos sus miembros saben qué se espera de ellos. En lugar de pegar un grito cada vez que el niño dé un portazo, explícale de forma calmada y tranquila, pero firme a la vez, que ese comportamiento es inaceptable. Enséñale a cerrar la puerta despacio, practica con él y dile lo bien que lo ha hecho cuando se comporte. El objetivo es reforzar sus buenas actitudes, aprender de los errores y pasar a otra cosa.
Márcate como prioridad absoluta atender el trabajo de papeleo según va entrando
El siguiente reto es trabajar en equipo a la hora de dividir las tareas domésticas, implicando a todos los miembros de la familia. Tu pequeño de dos años no va a poder limpiar la casa, pero puedes enseñarle a ordenar sus juguetes cuando termina de jugar. Y, como con el resto de las cosas, la mejor manera es haciéndolo divertido: cronometra el tiempo que tardan en realizar la tarea o canta una canción mientras ordenan. También puedes dar pequeños trabajos a los niños, como casar calcetines limpios o meter los cubiertos en el lavaplatos. ¿Y quedar con alguna amiga para invitar a tus hijos a merendar una vez en tu casa y otra en la suya? ¿Contratar a alguien para la plancha? La lista es interminable… Mi primera recomendación para mantener a raya el estrés es hacer las cosas poco a poco: “No dejes las cosas por medio, ordénalas”, y convence a los demás para que adopten tu nuevo lema.
Otro desencadenante del estrés familiar es la cantidad de trabajo de papeleo que se acumula: facturas, citas, cartas del colegio y notas que hay que firmar… si ya no puedes ver la puerta del frigorífico por la cantidad de notas y tardas un montón en encontrar ese papel tan importante, ponte manos a la obra y ordena. Márcate como prioridad absoluta atender ese trabajo de papeleo según va entrando.
Proponte tocar cada papel recibido sólo una vez y aplícate religiosamente la siguiente máxima: “Hazlo, delega en alguien o tíralo”. Para muchos se trata de un reto importante, pero la cantidad de tiempo que inviertes en organizarte merecerá la pena al final. Y piensa en todas las cosas que puedes hacer con ese tiempo extra que ganas por no tener que buscar documentos traspapelados. Una buena manera de organizarse es invertir en ficheros. Utiliza un fichero tipo acordeón de 31 días para guardar los documentos requeridos en una fecha en particular del mes en curso, para que la tarjeta sanitaria de tu hijo esté lista a mano cuando la necesites.
Compra un fichero con 12 divisiones para guardar documentos necesarios a lo largo del año. Prepara el fichero de 31 días para el nuevo mes y proponte vaciar cada noche el día transcurrido y el papel del día siguiente aparecerá de forma mágica cuando lo necesites. La rutina y el establecimiento de sistemas pueden parecer aburridos, pero es la mejor manera de hacer que esos trabajos pesados se hagan al final de forma rápida y tranquila.
Prepara de antemano las cosas del colegio y los bocadillos. Aprende a cocinar platos rápidos y saludables, crea un menú semanal para tu familia con una lista sencilla o ahorra horas comprando por Internet.
Haz que tus hijos ayuden a quitar la mesa después de las comidas. Y ya sabes, el truco está en hacer que cada tarea parezca divertida y en dar poder a los niños en lugar de regañar (que tendría el efecto contrario, ya que los niños tienden a cerrarse cuando la madre empieza a regañar).
Implica a la familia a la hora de establecer sistemas que funcionen para todos: recuerda, se trata de un trabajo en equipo. Por ejemplo, pueden preparar el uniforme la noche anterior, o dejar ambos zapatos al lado de la puerta, evitando así esa búsqueda desaforada del zapato con las prisas de la mañana.
Introduce una regla doméstica cada vez y deja que se convierta en algo habitual. Cuando todo esto comience a tomar forma, verás que consigues tener un tiempo familiar de más calidad, y más flexibilidad incluso para sacar algo de tiempo para ti. Seguro que te encanta imaginar esa posibilidad. Cuando sabes lo que quieres, es más probable que se produzca. ¿El secreto para convertir en realidad tus sueños? Simple: planificación. La planificación es la clave de todo. Si has decidido decorar la habitación de los niños, divide la tarea en porciones y prográmalas en una agenda. Merece la pena comprar una agenda familiar, con una sección para cada uno de los miembros. Te ayudará a tener presente todo tipo de información útil, como listas de la compra y cosas que hacer, números útiles esenciales y contactos de la clase. Al final de cada jornada, elige un momento de relax, quizá después del baño o en el momento del cuento, para hablar con tus hijos sobre el día y sobre los planes para el día siguiente, preguntando si sucedió algo especial en la guardería o en el cole (también merece la pena buscar en la cartera para ver si hay alguna nota del colegio informando sobre actividades futuras). Puede resultar útil priorizar actividades clasificándolas como A, B o C e intentar lograr al menos todas las A (¿o la mayoría?). En muchos casos, es fácil caer en la idea de que no hay tiempo en nuestras frenéticas vidas para las cosas que más valoramos porque nos consumen las urgencias. Pero, a veces, damos más prioridad a las ‘urgencias’ de la que tienen.
Enfócate en actividades que hagan que tu familia se sienta más completa y equilibrada. No funcionará todos los días, a veces pasan cosas, pero si cuentas con planes claros y bien estructurados, tendrás más posibilidades de lograr los objetivos familiares. Además, dedica tiempo a discutir los progresos.
Y lo más importante, procura programarte tiempo semanal para ti, literalmente haz una cita contigo y no las anules. ¡Te lo mereces!