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Es igualito a...
¿A quién se parece? Descubrir a quién saldrá el peque no es sencillo hasta que crece… sólo los genes tienen la respuesta
Aunque al principio la carita del bebé recuerde más a mamá, no significa que finalmente se parezca más a ella. Es más, lo normal es que sea así durante el primer año de vida y vuestro pequeño se parezca más a su progenitora. Así lo confirmó, al menos, un estudio científico del Instituto de Ciencias de la Evolución de Montpellier. Según sus resultados, los hijos se parecen más a la madre durante el primer año de vida, pero, sobretodo en el caso de los chicos, éste es el límite para el cambio. A partir de su primer cumpleaños, la tendencia es parecerse cada vez más a papá.
Pero, lejos de investigaciones experimentales, lo que está claro es que la clave de la herencia genética son los cromosomas. Cada progenitor aporta su parte proporcional y equitativa. Todo empieza a partir de la fusión, justo en el momento de la concepción, de la unión del espermatozoide y el óvulo (23 cromosomas de cada uno para dar lugar a los 46 necesarios). Arranca entonces una enorme y compleja combinación de información que dará lugar a una nueva vida y que, por supuesto, no será meramente la suma de papá y mamá.
Y es que para entender la base de la herencia genética hemos de conocer a sus principales protagonistas: los cromosomas, que son las estructuras químicas que dictan la información e instrucción para el desarrollo del niño y que contienen los genes, es decir, los que realmente transmitirán los caracteres hereditarios. Pues bien, dependiendo de si esos genes que tenemos son dominantes o recesivos, será más probable que tenga los ojos de mamá, las cejas de papá o los labios del abuelo… Y en este enmarañado proceso intervienen la herencia de papá, la de mamá, la de los abuelos... ¡Las combinaciones son infinitas!
En este procedimiento, en el que como hemos explicado se van definiendo los ragos del bebé, unas características genéticas ganan y otras pierden. Es muy muy complejo y de él desconocemos aún una gran parte. Lo que está claro es que finalmente lo que tendremos será un ser completamente único y especial. Por supuesto, en el resultado final, en el carácter que tenga, su inteligencia, sus gustos… entran en juego otras muchas variables que, en algunos casos, son aún más determinantes que la genética. Porque no siempre de tal palo… hay tal astilla.
El psicólogo clínico Francisco Muñoz-Martín. Miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente
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